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Mr Reivaj

Restos del naufragio

Esperando a Godot

cropped-DSCN0002.jpgEl próximo día 4 de febrero llega el punto final para este “Mr Reivaj”
Despedida con el maravilloso texto de Samuel Beckett. Los dos personajes “esperan” a Godot.

ESTRAGON: Didi.
VLADIMIR: Sí.
ESTRAGON: No puedo seguir así.
VLADIMIR: Eso es un decir.
ESTRAGON: ¿Y si nos separásemos? Quizá sería lo mejor.
VLADIMIR: Nos ahorcaremos mañana. (Pausa) A menos que
venga Godot.
ESTRAGON: ¿Y si viene?
VLADIMIR: Nos habremos salvado.
(Vladimir se quita el sombrero –el de Lucky-, mira el
interior, pasa la mano por dentro, lo sacude se lo cala)
ESTRAGON: ¿Qué? ¿Nos vamos?
VLADIMIR: Súbete los pantalones.
ESTRAGON: ¿Cómo?
VLADIMIR: Súbete los pantalones.
ESTRAGON: ¿Qué me quite los pantalones?
VLADIMIR: Súbete los pantalones.
ESTRAGON: Ah, sí, es cierto.
(Se sube los pantalones. Silencio)
VLADIMIR: ¿Qué? ¿Nos vamos?
ESTRAGON: Vamos.
(No se mueven)

Tomar las riendas de la vida, morir bien

La Plaza del Ángel es un lugar de nombre incierto. No se perciben ni la plaza ni el ángel. Es un buen punto de partida para mantener una conversación irreal en el espacio y en el tiempo. De fondo tal vez se oiría el saxo de Bob Sands desgranando “Out and about” en el cercano Café Central.

Es en ese escenario donde pudiera tomar forma una conversación que no hubo con la guionista y realizadora Ángela Accorsi .

Si así hubiese sido hablaríamos de su primer largometraje. El documental “Arderás”.

  • – La voz de la narradora dice “… hay que tomar las riendas de la propia vida”
  • – Es mi voz. Yo soy la narradora
  • – No podría ser de otra manera. Esa es la almendra de la historia
  • – ¿Almendra?
  • – Frutos con hueso. Todos tienen su almendra dentro del hueso
  • – ¿Y qué hacen los frutos, los huesos y la almendra en mi documental?
  • – En lo más profundo del fruto está su idea original, su razón de ser . La almendra dentro del hueso. Aquello sin lo cual el fruto no existiría. Una buena historia necesita una almendra.

A partir de ese momento resultaría más fácil hablar y saber que en cada historia humana hay una almendra que justifica y da sentido a la existencia de la personas.

  • – El derecho a vivir bien. El derecho a proyectar en el futuro el  cómo ser dueños de nuestro morir. De morir bien. Y con una Ley que respalde ese derecho.
  • – Eso significa llegar más allá de la compasión, la pena y el dolor.
  • – Las emociones duran poco. Llegan hasta que el tiempo diluya el recuerdo.
  • – No se trata de cambiar el mundo. Solo experimentarlo.

Podríamos haber hablado de los derechos y libertades humanos, de nuestro futuro, de la decisión de morir y hacerlo bien. Hablaríamos llegado el caso de EUTANASIA, lo haríamos sin miedo, sin prejuicios y sin servidumbres morales y religiosas.

De muchas cosas podríamos estar conversando mucho tiempo

  • – La narradora dice “..tomar las riendas de la vida”. Tomar el control.
  • – Es imprescindible cuando el final de la propia vida se vuelve inestable o confuso. Cuando se pierde la capacidad de decidir.
  • – Es ese el momento en el que aparecen las emociones sin solución , el dolor y la pena negra…
  • – Es necesario saber que se puede disponer el final de la vida, que se pueden ordenar los acontecimientos vitales. Es el punto de la acción sin vueltas ni titubeos. Decidir. Controlar.

arderas_angela

Podríamos haber tenido esa conversación inexistente en un lugar improbable. No la tuvimos , al menos con este formato. Fue mejor. Tuve el privilegio de acompañar al equipo de grabación en su trabajo con el sonido del Mar Cantábrico de fondo.

Hemos acompañado a mi amigo “Martín” durante tres días. El sabe que la ciencia le ha señalado un plazo de pocos meses de vida. Hemos hablado con él de sus emociones, de sus miedos. Le hemos acompañado en sus paseos por el monte, también cerca del mar. Su mundo vital. Nos contó como la ansiedad desaparecía. Nos dijo que podrá decidir como y cuando podrá llevar a término una biografía rica en experiencia. Sentimos su satisfacción y amor a la vida. Por eso su necesidad de morir bien.

Solo eso.

Derecho a la armonía

derecho_armonia
Si no entiendes la vida, ¿cómo vas a entender la muerte?
(Confucio)

– ¿Así que usted es Lisardo Recollo?
– Es mi nombre, pero si vamos a seguir la charla trátame de tú.
– Me habló Jenaro de ti
– ¿Jenaro el cazador?. Buen tipo, aunque mate bichos
Hizo ademán de estrecharme la mano. Sin completar el gesto me mostró la palma mojada. Con sonrisa jovial justificó la acción inacabada sin necesidad de hablar.
Estábamos en la “Senda del Cervigón” junto a los escalones que llegan al mar desde el paseo. El hombre acababa de subir desde las rocas un par de metros más abajo. Mientras preparaba los aparejos de pesca continuó la conversación.
– Las furagañas que yo pesco las echo al mar antes de que mueran.
– ¿Furagañas?
– Furagañas, lubinas, ¿qué más da?, peces vivos que siguen viviendo cuando los suelto. Si pudiese hacer eso con las arceas y las perdices iría a cazar con Jenaro.
Una risotada acompañó el lanzamiento del anzuelo con un latigazo enérgico de la caña .
– Ni él come lo que caza ni yo lo que pesco. En eso sí nos parecemos.
Mi expresión acoquinada le sirvió para cambiar la carcajada por la sonrisa .
– ¿Por qué los sueltas? ¿Por conservar la naturaleza?.
– No me gusta que mueran. Me gusta competir con la pieza. En el fondo creo que es competir conmigo mismo. Así lo hice siempre y así lo seguiré haciendo. Por poco tiempo, eso sí.
Dejé pasar unos segundos mientras él se concentraba en el movimiento de la boya flotante.
– ¿Entonces, dejas la pesca?
– Sin remedio. Los peces no sé si lo saben. Yo sí voy a morir a fecha fija.
La sonrisa volvió a fluctuar aunque no llegó a romper en la carcajada. Con rapidez soltó el resorte del carrete y empezó a recoger el sedal.
– Falsa alarma, no picaron. Los médicos dieron de plazo hasta enero. Me quedan tres meses.
Aproveché el nuevo lanzamiento para decir casi en susurro.
– ¿Y estás bien? ¿No sientes angustia?
– Cuando me lo dijeron cogí un cabreo fuerte, muy fuerte. Un tiempo después pensé que la vida no es solo el momento presente que se tiene entre manos. No es como una furagaña a la que le quito el anzuelo y la devuelvo al mar. La vida es un paisaje completo en el que el fondo tiene tanta importancia como la imagen cercana. Como ese horizonte que vemos ahí delante y sin el cual este momento no tendría sentido.
– Si es así como dices ¿qué esperas de la vida entonces?
– Algo muy simple. Espero conseguir la armonía de las partes que componen el cuadro. Una el presente que ahora está entre mis manos para disfrutarlo como yo quiera mientras pueda. Otra el horizonte que sirve de fondo. Ese horizonte que señala el futuro y que debe de ser consistente y con sentido.
– ¿Y eso como se concreta?.
– Voy a morir en casa . Cuando quiera, como yo quiera y dando sentido a todo lo que fue mi vida. Así está decidido y preparado.
Mientras estuvo hablando desenganchó el anzuelo, bajó la escalera y soltó el pez que nadó libre. Desde abajo subió el volumen de voz sobre el ruido de las olas .
– El derecho a la armonía como dice Jenaro.
Me dió la espalda y terminó con una risa rotunda y sin fisuras. Todo estaba dicho. Me fuí.

La Persona

Nuestros recuerdos
se hacen de material
perecedero

careta_03

Te asomaste
al borde del abismo
luego volviste

mascara_02

Grita la gente
susurros de silencio
yo solo sueño
careta_01
llegaron rotos
y mal empaquetados
eran mis sueños
careta_04

 

El todo o la nada

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Es un personaje que lo quiere todo. Y lo dice así.

– O todo o nada.

Un día alguien le tendrá que descubrir que eso no es así. Que por ese camino se llega a la nada. Siempre. Porque el todo solo existe en los deseos y en los sueños que no se recuerdan. Es humo sin fuego.

Es un personaje que piensa. Y confunde lo que piensa con la cosa pensada. Otro día alguien se lo dirá de este modo

– Eso es la parálisis y la inacción.

En la lejanía que se acerca se ven los negros crespones de la frustración y el fracaso.  Alguien se tendrá que encargar de decírselo.

– Solo queda la nada llena de vacíos.

Y es que  el todo no existe y el pensar es la nada.

 

Crepuscular

Se desmorona un edificio que nunca existió. Y sus restos desafían las troneras del cielo. Busco la infancia que nunca tuve por caminos que olvidé. El mar, solo el mar. Caminos sin señales por donde transitan eternos caminantes que alguna vez creyeron tener ojos. Reinterpretar y volver a un pasado que solo existe en el presente inventado. Solo queda sufrir la caída de una piel correosa y arrugada.

 

Crimea .. dónde están las flores?/Where Have All The Flowers Gone

Ucrania califica la presencia rusa en Crimea de “declaración de guerra”
Kiev retira embarcaciones de guardacostas de Crimea y las traslada a otra zona del Mar Negro
Militares ucranios se niegan a pasarse al bando ruso y reafirman su lealtad a Kiev
El Ejecutivo de Ucrania moviliza a los reservistas
El Parlamento ruso da permiso a Putin para intervenir en Crimea.

Al principio de la monumental obra de Mijail Sholojov “El Don apacible” hay una nana popular de los cosacos que lleva las estrofas :

“..las muchachas cortaron las flores, ¿dónde están las muchachas? Se casaron. ¿Dónde están los cosacos? Se fueron a la guerra…

Pete Seeger tomó ese poema y levantó esta maravillosa canción cargada de fuerza

¿Dónde están los muchachos? Se fueron a la guerra. …los soldados están en el cementerio, donde crecen las flores.


Dime dónde están las flores,
dónde finalmente quedaron
dime dónde están las flores,
dime lo que sucedió
dime dónde están las flores
que las jóvenes cortaron tan rápido
¿Cuándo podremos comprenderlo?
¿Cuándo podremos comprenderlo?

Dime dónde quedaron las jóvenes.
Sí, dónde quedaron.
Dime dónde están las jóvenes.
¿Qué es lo que sucedió?
Dime dónde están las jóvenes,
los hombres las recogieron rápido.
¿Cuándo lo podremos comprender?
¿Cuándo lo podremos comprender?

Dime, ¿dónde están los hombres?
¿Por qué no regresaron?
¿Dime qué es lo que sucedió?
¿Dime qué es lo que pasó?
Dime dónde están los hombres que partieron
cuando comenzó la guerra.
¿Cuándo podremos comprenderlo?
¿Cuándo podremos comprenderlo?

Dime dónde están los soldados,
dime lo que les sucedió.
Dime dónde quedaron,
dime dónde quedaron.
Dime dónde han quedado,
dónde el viento sopla en sus tumbas
¿Cuándo podremos comprenderlo?
¿Cuándo podremos comprenderlo?

Dime dónde están las tumbas,
dime dónde quedaron.
Dime lo que sucedió,
dímelo: ¿qué les sucedió?
Dime qué pasa en verano
cuando la brisa mece las flores
¿Cuándo podremos comprender?
¿Cuándo podremos comprender?

Dime dónde están las flores,
dónde finalmente quedaron
dime dónde están las flores,
dime lo que sucedió
dime dónde están las flores
que las jóvenes cortaron tan rápido
¿Cuándo podremos comprenderlo?
¿Cuándo podremos comprenderlo?”

Como si fuéramos inmortales

inmortales
Todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final
sin embargo hay que vivir como si fuéramos inmortales
sabemos que los caballos y los perros tienen las patas sobre la  tierra
pero no es descartable que en una nochebuena se lancen a volar

sabemos que en una esquina no rosada aguarda el ultimátum

 de la envidia

pero en definitiva será el tiempo el que diga dónde es dónde y

 quién es quién

sabemos que tras cada victoria el enemigo regresa buscando más  triunfos
y que volveremos a ser inexorablemente derrotados vale decir que

 venceremos

sabemos que el odio viene lleno de imposturas
pero que las va a perder antes del diluvio o después del carnaval
sabemos que el hambre está desnuda desde hace siglos
pero también que los saciados responderán por los

 hambrientos

sabemos que la melancolía es un resplandor y sólo eso
pero a los melancólicos nadie les quita lo bailado
sabemos que los bondadosos instalan cerrojos de seguridad
pero la bondad suele escaparse por los tejados
sabemos que los decididores deciden como locos o miserables
y que mañana o pasado alguien decidirá que no decidan

sintetizando / todos sabemos que nada ni nadie habrá de

 ahorrarnos el final
pero así y todo hay que vivir como si fuéramos inmortales

(Mario Benedetti, “La vida ese paréntesis”, Colección visor de Poesía)

Doña Encarna

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monaguillos
– Y cuando todo se haya terminado ¿qué nos queda?
La voz de la anciana tenía un fondo aguardentoso.
Solo tres niños se atrevieron a mirar hacia la cama. Los demás bajaron la vista. La casa de Doña Encarna la maestra, era la escuela del pueblo. La mujerona tenía una pierna seca.Se había quedado mucho más pequeña que la otra. A veces le dolía sin saber por qué y se quedaba en la cama tomando orujo. Como en aquel momento.
– Repito, ¿qué nos queda?
– Dios, susurró el niño más pequeño cerrando la boca con fuerza hasta desaparecer los labios.
– Ven acá.
Se acercó rápido sin tiempo de levantar el calcetín caído , al descubierto las rodillas huesudas con corteza de mugre.
– Lo vas a decir muy alto y muchas veces, ¿cómo te llamas?.
– Nachín, suspiró
– ¿Cómo? , bramó la furia encamada.
– Ignacio, Ignacio,ig…
El bofetón fue visto y no visto, de ida y vuelta. El eco de su sonido habría de durar muchos años.
Sin embargo, aquel día, en aquel momento, allí acabó la catequesis de Doña Encarna.

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