La Fundación Medicina y Humanidades Médicas publica una revista mensual de acceso online y gratuito.

Esta es una reseña del nº 18 , un trabajo sobre el suicidio del ProfesorAlbert Royes i Qui (Secretario del Centro de Investigación Observatori de Bioètica i Dret del Parc Científic de la Universitat de Barcelona – Miembro del Grup de Recerca Consolidat de la Generalitat de Catalunya Bioètica, Dret i Societat -Profesor, tutor y coordinador del Máster en Bioética y Derecho de la Universitat de Barcelona, entre otras responsabilidades y atribuciones profesionales)


El suicidio médicamente asistido, como la eutanasia, constituyen formas diferentes de poner fin a la propia vida en determinadas circunstancias. Cuando la acción la realiza la propia persona con ayuda médica se denomina suicidio médicamente asistido; cuando es el médico quien causa directamente la muerte del propio paciente a petición de éste, se habla de eutanasia. Tanto en uno como en otro supuesto, el paciente debe reunir determinadas condiciones de salud y, especialmente, debe ser capaz de formular la petición de que otros le ayuden a poner fin a su vida para lo que debe gozar de pleno conocimiento y de capacidad de decisión.

Esas condiciones, que se detallan en el artículo que aquí se resume, resultan imprescindibles para deslindar las actuaciones de eutanasia o de suicidio médicamente asistido del homicidio. Nuestro país mantiene, al igual que otros muchos, la penalización de las conductas de ayuda al suicidio, en cualquiera de sus modalidades, aunque el propio código penal introduce atenuantes para quien así actuara por motivos compasivos y a petición expresa del paciente. En este artículo se aboga por despenalizar claramente la ayuda al suicidio y la eutanasia si dichas acciones se efectúan con total respeto a los derechos fundamentales de las personas, entre los cuales destaca la explícita voluntariedad, por lo que al mismo tiempo debería mantenerse la calificación de delito tanto para la inducción al suicidio como para la llamada eutanasia involuntaria.

Sin embargo, algunas sociedades de nuestro mismo entorno cultural han avanzado en la despenalización de la eutanasia o del suicidio médicamente asistido. El artículo describe la situación al respecto en esos países: Oregón (USA), Bélgica, Holanda y Suiza, en los cuales alguna o algunas de las modalidades de ayuda al suicidio no son legalmente punibles si se realizan de acuerdo con lo que su respectivo ordenamiento jurídico ha establecido. En algunos de ellos, además, han surgido organizaciones no gubernamentales que informan, asesoran y, en el caso de Suiza, colaboran activamente en la asistencia al suicidio en condiciones muy estrictas. Pero, por otra parte, el artículo enfoca la ayuda al suicidio no sólo como una cuestión de derechos o de opciones de personas sufrientes a causa de su situación de salud, situación que les ocasiona muy frecuentemente una fuerte disminución de su calidad de vida; expone, además, que la asistencia al suicidio debe considerarse como una acción compasiva, empática, para con esas personas sufrientes, lo cual añade un elemento humanista de primer orden. Nada más lejos, pues, de consideraciones de carácter economicista o de motivaciones supuestamente eugenésicas que nada tienen que ver con lo que aquí se propugna.

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