Chambi en Gijón

A propósito de la contemplación de la producción fotográfica de Martín Chambi (Coaza, 1891-Cuzco, 1973) me dejo atrapar por una obra que me permite viajar en el tiempo y adentrarme en un mundo que espera en silencio ser recorrido y lejos de estar muerto posee tal fuerza expresiva que resulto ser yo la observada y analizada. Tan sólo consiste en estar atenta a su llamada; agudizo mis sentidos y me dispongo a disfrutar y olvidarme de todo cuanto superfluo me rodea. Me descubro ágil y selectiva, si bien soy plenamente consciente de que el ojo del artista eligió y determinó en primer lugar. Una nueva criba son las contingencias técnicas de elaboración fotográfica y el azar de la conservación en el tiempo.

La puesta en valor y el reconocimiento internacional condicionan la labor de un comisario organizador que selecciona entre las muchas imágenes posibles para acabar optando por un montaje expositivo marcado por la asepsia donde las fotografías tiene el protagonismo absoluto, de modo que cuando llegan a mi, entre las múltiples opciones personales, prefiero elegir una sola imagen: un fragmento de muro de una ruina inca, una piedra con doce ángulos cuya textura llegas a rozar y no resulta áspera, se revela sorprendentemente cálida; me acerco aún más y susurra mi nombre. Me esperaba, afortunadamente no he llegado tarde, y a la hora fijada me encuentro junto a ella.
Martín Chambi, estoy segura, no es ajeno a la situación y me saluda, cómplice, desde el autorretrato situado en la pared de enfrente. Respondo a ese elegante y orgulloso gesto con una sutil inclinación de cabeza y una ligera sonrisa en la mirada. Es entonces cuando reconozco el momento de ausentarme de la sala portando la magia de un irrepetible encuentro.


Martín Chambi. Fotografías. Sala 2 Centro de Cultura Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón. La exposición, que permanecerá abierta hasta el 1 de junio, muestra imágenes del paisaje y la gente de Cusco y Machu Picchu, recogidas por el fotógrafo peruano desde la década de 1920.
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