tandem_noeLas Landas francesas, llenas de caminos y pistas a recorrer en bicicletas.  Nosotros quisimos alquilar un tándem.  “Una nueva experiencia” “Algo para hacer juntos”.
Equilibrando fuerzas, uniendo fuerzas, aunando esfuerzos…
El “monsieur” que nos lo alquiló nos advirtió que no era tan fácil como ir solo en una bicicleta.  Nos aconsejó hacer una prueba antes de alquilarla. “C´est compliquée”
“La vida es complicada, señor.  Ahí está la diversión.  Probar cosas nuevas, que se tambaleen los cimientos, que las mariposas no dejen de aletear.  Si sale mal, a resetear el sistema.  Pero ¿y si sale bien? ¡¡Una pasada!! (por no decir ¡de puta madre! que esto es para todos los públicos)”

Así que tras la breve prueba, alquilamos un tándem.
Él delante, yo detrás.
Delante la dirección, los ojos, los cambios de velocidad, la fuerza, el peso del equilibrio…
Detrás el apoyo, la ayuda en el pedaleo y en el equilibrio, la compañía…

Es una experiencia curiosa.  Si vas detrás (que es donde yo iba) te despreocupas de dirigir, te dejas llevar, te acoplas al ritmo de pedaleo del que va delante.  Cuando hay cuestas hacia arriba haces fuerza para ayudar, para hacérselo más liviano.  Si hay cuestas hacia abajo, dejas de pedalear y te estás quieta para no desequilibrarle.  En cuanto notas moverse los pedales vuelves a coger el ritmo del pedaleo.
Si oyes el ruido de un motor miras por dónde viene el vehículo y avisas al compañero.
Si vais a deteneros, el que va detrás es un peso más, añadido a la bicicleta.  El que va delante es el que echa el pie abajo.  Este tiene que tener en cuenta que si hace un movimiento brusco puede tirar al compañero aún cuando la bici no se cayera, sólo con una leve inclinación de ésta.

Es una experiencia diferente.  A primera vista es muy cómodo ir detrás, no hay muchas decisiones que tomar, no llevas el peso principal de la marcha.
Pero ¿qué pasa cuándo te encuentras un inconveniente?  El sillín empieza a incomodarte, necesitas hacer un pequeño movimiento para acomodar las posaderas.  No puedes dejar de pedalear como cuando vas en una bicicleta tú sola.  Tienes que aprovechar que haya cuesta abajo y que tu compañero deje de pedalear.  Ahí aprovechas a ajustarte las gafas, limpiarte el sudor y recolocarte encima del sillín.
Bueno, y otra pega que le encuentro a ir detrás es que no ves los baches, te pillan desprevenida, te das un buen golpe en el culo y ¡¡cuidado!! ¡¡puedes perder los pedales!!  Tú compañero nota que le falta apoyo, tú te sientes perdida, los pies en el aire, el culo dolorido…  Cuando vuelves a recuperar el pedal, coges aire y ¿rezas? para que el próximo bache no te coja tan fuera de bolos (como si rezas para que te toque la primitiva, claro)  “Es que una no es muy creyente”

Y finalmente, después de que te acostumbras a todas las novedades que ir en tándem te ofrece, empiezas a disfrutar de ir viendo el paisaje pero (hay un pero, sí) sólo puedes ir viéndolo por los lados, “à droite et à gauche” “Que se note que he practica francés en las vacaciones”.  Delante tienes la espalda de él, evidentemente.  Así que te limitas a pedalear, siguiendo el ritmo, adaptándote a los cambios de velocidad según te va marcando el camino y sobreviviendo cómo puedes a los baches imprevistos del camino.

Bueno, pues ya hice una hora de tándem.  La cambiamos por una vtt (un bicicleta de montaña francesa) y él sigue su camino solo.
Ahora yo me tuesto al sol en la hamaca del mobil-home en un duelo de tú a tú con “le soleil”, al que me enfrento yo solita con mi 30 de protección solar.

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