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monaguillos
– Y cuando todo se haya terminado ¿qué nos queda?
La voz de la anciana tenía un fondo aguardentoso.
Solo tres niños se atrevieron a mirar hacia la cama. Los demás bajaron la vista. La casa de Doña Encarna la maestra, era la escuela del pueblo. La mujerona tenía una pierna seca.Se había quedado mucho más pequeña que la otra. A veces le dolía sin saber por qué y se quedaba en la cama tomando orujo. Como en aquel momento.
– Repito, ¿qué nos queda?
– Dios, susurró el niño más pequeño cerrando la boca con fuerza hasta desaparecer los labios.
– Ven acá.
Se acercó rápido sin tiempo de levantar el calcetín caído , al descubierto las rodillas huesudas con corteza de mugre.
– Lo vas a decir muy alto y muchas veces, ¿cómo te llamas?.
– Nachín, suspiró
– ¿Cómo? , bramó la furia encamada.
– Ignacio, Ignacio,ig…
El bofetón fue visto y no visto, de ida y vuelta. El eco de su sonido habría de durar muchos años.
Sin embargo, aquel día, en aquel momento, allí acabó la catequesis de Doña Encarna.

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