Buscar

Mr Reivaj

Restos del naufragio

Categoría

Uncategorized

Esperando a Godot

cropped-DSCN0002.jpgEl próximo día 4 de febrero llega el punto final para este “Mr Reivaj”
Despedida con el maravilloso texto de Samuel Beckett. Los dos personajes “esperan” a Godot.

ESTRAGON: Didi.
VLADIMIR: Sí.
ESTRAGON: No puedo seguir así.
VLADIMIR: Eso es un decir.
ESTRAGON: ¿Y si nos separásemos? Quizá sería lo mejor.
VLADIMIR: Nos ahorcaremos mañana. (Pausa) A menos que
venga Godot.
ESTRAGON: ¿Y si viene?
VLADIMIR: Nos habremos salvado.
(Vladimir se quita el sombrero –el de Lucky-, mira el
interior, pasa la mano por dentro, lo sacude se lo cala)
ESTRAGON: ¿Qué? ¿Nos vamos?
VLADIMIR: Súbete los pantalones.
ESTRAGON: ¿Cómo?
VLADIMIR: Súbete los pantalones.
ESTRAGON: ¿Qué me quite los pantalones?
VLADIMIR: Súbete los pantalones.
ESTRAGON: Ah, sí, es cierto.
(Se sube los pantalones. Silencio)
VLADIMIR: ¿Qué? ¿Nos vamos?
ESTRAGON: Vamos.
(No se mueven)

Joe Seigenthaler

Albino "mouth closed" , de Joe Seigenthaler

En una de las últimas entradas del Blog ddg, el autor  emiligene, hace la reseña del  Joe Seigenthaler. Copio y pego directamente para compartir  la curiosidad y el interés por su obra. En mi caso con un plus añadido por la hermosa canción de  Françoise Hardy Le temps de l’amour, como tema de fondo de este vídeo que lleva por título “Busta LeGros”

Joseph Seigenthaler (1959- ) es un escultor hiperrealista norteamericano, famoso por sus noggins (bustos humanos que se cuelgan en la pared al estilo de los trofeos taurinos o cinegéticos) y composiciones escultóricas que reúnen cuerpos humanos rechonchos en las más diferentes posturas y combinaciones. Algunos de sus trabajos han acabado en modelados 3D o en animaciones, tan inquietantes como esta:

Nueva web : My ego is ready to

about_ego

Un placer visual la visita a la web del ilustrador Ego Rodríguez. Recién estrenada su nueva imagen en esta URL :

http://www.myegoisreadyto.com

Cartel publicitario para Rudy Tuesday - London
Cartel publicitario para Ruby Tuesday - London

El cuento del oso

Andrés Diplotti es un hombre de 30 años que vive en Pergamino , Argentina y se autodescribe así : Diseñador gráfico, tecleador con pretensiones, pseudopoetastro impune.

Mantiene dos sitios web: Pez Diablo , La Pulga Snob
Del Pez Diablo traigo este cuento (El oso y el duraznero) de fina ironía que por un momento me recordó a “Los Sueños de Akira Kurosawa” , sobre todo el primero de los relatos, en el que un muchacho se adentra en el bosque donde es testigo de un desfile que celebra la boda entre espíritus de zorro, lo que le puede ocasionar nefastas consecuencias.

Completa esta entrada unos vídeos del Oso de Salcedo, parroquia del municipio lucense de A Pobra do Brollón que en cierto modo guardan relación con este cuento más allá de las posibles intenciones del autor.

EL OSO Y EL DURAZNERO – (Andrés Diplotti)

Una vez, en medio de un bosquecillo, había un pueblito. Era un pueblito pintoresco y genérico, de los que se suelen fabricar por docenas para cuentitos como éste, con su escuelita, su cura y su zapatero remendón.

Resulta que muy cerca de este pueblito crecía un duraznero, un gran duraznero silvestre. Todos los veranos sus ramas se llenaban de frutas gordas y aterciopeladas que los chicos miraban desde lejos.

Sólo las miraban, porque no podían hacer otra cosa.

—No agarres duraznos de ese duraznero —los reconvenían sus madres—. Hay un oso que ronda el árbol y se come a los que se acercan.

Y ellos obedecían, por supuesto. Se contaban historias de niños traviesos que por hartarse de duraznos habían sido devorados por el oso. Así que los chicos se reunían en el linde del pueblo y miraban los duraznos soñando con la pulpa dulce y jugosa, pero todos se mantenían lejos.

Todos, menos uno.

Una tarde, a la hora de la siesta, un valiente fue derecho al duraznero. Tomó un durazno con temor, mirando cautelosamente a uno y otro lado; se lo comió y tiró el carozo. A continuación se comió otro, ya con más confianza. Y otro. Y otro más. Comió hasta que no pudo seguir y después se durmió a la sombra del árbol.

Ahí lo encontró su mamá al caer la tarde.

—¡Te dije que no comieras duraznos! —le gritaba mientras lo iba arreando a cachetazo limpio hasta su casa—. ¡Te podía haber comido el oso!

Pero no se lo había comido, y la noticia dejó atónito al pueblo. Hasta la fecha, todas las historias eran unánimes: chico que comía duraznos, chico que terminaba en el estómago del oso. Esa misma noche, los hombres instruidos se reunieron en el club a deliberar sobre el asunto mientras tomaban grapa Valle Viejo y jugaban al mus.

—A lo mejor el oso se murió —conjeturó el almacenero—. Después de todo, las historias son muy antiguas.

—Imposible —respondió muy seguro el director de la escuela—. Si el oso se murió, no hay nada que impida que los chicos se empachen de duraznos y después no quieran cenar.

Y, como eso era indeseable, todos estuvieron de acuerdo en que debía ser un oso muy longevo.

Fue el viejo bufetero del club el que dio con la solución. Las historias coincidían en que el oso se comía a los chicos que agarraban duraznos, pero en ningún lugar decía que lo hiciera inmediatamente después del hecho. Bien podía ser que, más tarde o más temprano, el oso acudiera a la casa del pequeño transgresor para alimentarse.

Era una respuesta tan satisfactoria como alarmante. Un oso en el pueblo siempre era un peligro, en especial uno tan rencoroso como aquél. Al día siguiente, todo el pueblo se armó en previsión de su visita.

La visita no se produjo en lo que quedaba del verano, ni tampoco en el otoño. Al fin, el invierno llegó sin que se hubiese visto oso alguno. Los braseros calentaban el club la noche que los hombres instruidos se reunieron a deliberar mientras tomaban caña Legui y jugaban a la generala.

—El oso ya no va a venir —opinó el comisario—. Ya debe estar hibernando en su cueva.

—¿Qué cueva? Si por acá no hay ninguna —retrucó el almacenero.

—Debe ser un oso que no hiberna —aventuró alguien.

—Debe ser un oso que no necesita cueva.

—Debe ser un oso que cava su propia cueva, como las vizcachas.

Entonces al cartero, que hacía poco que vivía en el pueblo, se le ocurrió decir:

—Para mí que el oso no existe.

Los demás se rieron de semejante ocurrencia. Le señalaron las escopetas y los machetes que tenían preparados desde hacía meses, y le hicieron notar que solamente un bobo se arma contra un oso inexistente. Hasta el intendente y el director de la escuela se habían armado, y ésos no eran ningunos bobos.

—Es más, mañana vamos a ir a cazarlo para que vea que sí existe.

Dicho y hecho: todo el día siguiente buscaron en el bosquecillo lindero al pueblo. Pasó la mañana y pasó la tarde, y al final se hizo de noche sin que hubiera aparecido ningún oso. Ni huellas de oso. Ni heces de oso, ni pelos de oso, ni nada.

—Cosa rara —dijo un baqueano al comprobar el gran sigilo del oso y su capacidad para esconderse en el monte ralo. El veterinario estaba maravillado por el eficiente metabolismo que debía tener para no producir desechos. El zapatero, por su parte, habló de lo gruesa y suave que tenía que ser la piel de sus patas si no dejaba huellas. Y, para no ser menos, el peluquero alabó la fuerza de su pelaje.

Todos estuvieron de acuerdo en que debía ser un oso muy particular, y redoblaron la vigilancia.

Pasó el tiempo, un tiempo largo. Varias veces el duraznero se llenó de frutas grandes y fragantes que terminaban pudriéndose en el suelo porque nadie las comía. El último que lo había hecho dejó de ser un chico para convertirse en un hombre, un muchachón fornido que un buen día se fue del pueblo en busca de horizontes más amplios.

Una vez más, los hombres instruidos se reunieron en el club para debatir el asunto mientras tomaban ginebra Bols y jugaban al tute cabrero.

—¿Cómo va hacer el oso para encontrarlo? —planteó el jefe de la estación de tren.

—Lo va a seguir a la ciudad —arriesgó un perito mercantil que andaba de paso.

—Le va a seguir el rastro por el olfato.

—Debe tener contacto con osos de otros lugares.

—El oso es un cuento —metió bocadillo el que había sido cartero y ahora era jefe de la oficina de correo—. Lo inventaron hace mucho las madres del pueblo para que los chicos no se empachen de duraznos y después no quieran cenar.

—Vea, don —se le enojó el comisario—, yo no sé cómo será en el lugar de donde viene usted, pero aquí no se insulta a las madres de los demás llamándolas mentirosas.

—Además —dijo otro con una risita—, si está tan seguro, ¿por qué no va usted a comer duraznos?

No contaban con que el antiguo cartero aceptara el desafío. Al día siguiente fue al duraznero, se atiborró de fruta y durmió la siesta a la sombra. Al atardecer, cuando volvía al pueblo, se encontró con que le cerraban el paso.

—¿Qué hizo, animal? —lo levantaron en peso el intendente, el cura, el director de la escuela y varios más—. ¡Ahora el oso va a venir a buscarlo a usted! ¿Es que no piensa en las pobres criaturas que pone en peligro? ¡Váyase! ¡Váyase y no vuelva más!

Y, después de echar al viejo, se levantó un cerco alrededor del duraznero y se emitió un edicto que condenaba al destierro a todo el que se atreviera a cruzarlo.

Pasaron años. Muchos años. El duraznero terminó por marchitarse y se lo comieron los bichos. El pueblo creció en torno al lugar donde había estado, que hoy es una plaza.


Todos los años, la Plaza del Duraznero es el centro de un festival que atrae gente de toda la región. Los visitantes ven representaciones de las antiguas historias: el muchacho que comió un durazno y huyó para proteger a su familia del oso; el cartero que violó insensatamente la ley y fue expulsado por las autoridades. Ambos debieron encontrar la muerte en tierra lejanas, bajo las garras y los colmillos del oso. Después de las representaciones viene el desfile, en el que los lugareños exhiben orgullosos las armas con que un día darán caza a la bestia sanguinaria.

Por supuesto, nunca falta en esos días un forastero que, después de un par de tragos de grapa, caña o ginebra, se atreve a ofender la tradición local sugiriendo que el oso es un invento. Pero los lugareños están preparados para eso, y enseguida le hacen ver que solamente alguien que no sabe nada de la longevidad del oso, del rencor del oso, de los hábitos de hibernación del oso, del sigilo del oso, del metabolismo del oso y del olfato del oso puede hacer una afirmación tan incauta e ignorante.

—¿Y el duraznero? —suele preguntar a continuación el impertinente, señalando la plaza y el cerco vacío. Y los lugareños, armándose de paciencia, explican una vez más lo que debería ser obvio para todos:

—El duraznero es una metáfora.

La fotografía y videos utilizados han sido hechos por Jose Ramon Casanova Otero y corresponden a imágenes del Antroido de Salcedo en Monforte de Lemos. Están sujetos a una licencia Creative Commons.

De una seducción creativa

Chambi en Gijón

A propósito de la contemplación de la producción fotográfica de Martín Chambi (Coaza, 1891-Cuzco, 1973) me dejo atrapar por una obra que me permite viajar en el tiempo y adentrarme en un mundo que espera en silencio ser recorrido y lejos de estar muerto posee tal fuerza expresiva que resulto ser yo la observada y analizada. Tan sólo consiste en estar atenta a su llamada; agudizo mis sentidos y me dispongo a disfrutar y olvidarme de todo cuanto superfluo me rodea. Me descubro ágil y selectiva, si bien soy plenamente consciente de que el ojo del artista eligió y determinó en primer lugar. Una nueva criba son las contingencias técnicas de elaboración fotográfica y el azar de la conservación en el tiempo.

La puesta en valor y el reconocimiento internacional condicionan la labor de un comisario organizador que selecciona entre las muchas imágenes posibles para acabar optando por un montaje expositivo marcado por la asepsia donde las fotografías tiene el protagonismo absoluto, de modo que cuando llegan a mi, entre las múltiples opciones personales, prefiero elegir una sola imagen: un fragmento de muro de una ruina inca, una piedra con doce ángulos cuya textura llegas a rozar y no resulta áspera, se revela sorprendentemente cálida; me acerco aún más y susurra mi nombre. Me esperaba, afortunadamente no he llegado tarde, y a la hora fijada me encuentro junto a ella.
Martín Chambi, estoy segura, no es ajeno a la situación y me saluda, cómplice, desde el autorretrato situado en la pared de enfrente. Respondo a ese elegante y orgulloso gesto con una sutil inclinación de cabeza y una ligera sonrisa en la mirada. Es entonces cuando reconozco el momento de ausentarme de la sala portando la magia de un irrepetible encuentro.


Martín Chambi. Fotografías. Sala 2 Centro de Cultura Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón. La exposición, que permanecerá abierta hasta el 1 de junio, muestra imágenes del paisaje y la gente de Cusco y Machu Picchu, recogidas por el fotógrafo peruano desde la década de 1920.

Popobawa – 'A Big One Eye Monster'

‘A Big One Eye Monster’ (*)

Es una de las formas para describir o nombrar en inglés la genitalia masculina- “El gran monstruo ciclópeo”-

Curiosamente el mismo título describe la criatura que aterroriza media Tanzania, desde la isla de Pemba y tomando Unguja en Zanzibar ..
Causa pánico desde los años 70 del siglo pasado , a intervalos y particularmente en periodos de elecciones como recientemente en el 2007.

El ciclope del que hablo, el Popobawa: el murciélago, teñudo, enano y cabezón con patas cortas y un miembro enorme,gigante.. si, el Big One Eye Monster’ arrastra a un “hermano gemelo” casi más grande que él mismo y olvídense del ojo ambarino, de las alas paragüeras, o de su forma de peón demoníaco.
Lo que aterroriza a los humildes locales es esa lanza carnosa. La espada de Príapo. Porque ahí donde lo tienen, la criatura disfruta al desflorar a varones en su sueño y sin nada de romanticismo.
Tanzania donde la homosexualidad es penalizada con 25 años de cárcel, donde el Islamismo condena la sodomía, el miedo se llama Popobawa.

Ataca a los no creyentes, ataca a los pobres y si la humillación del acto no fuera bastante su presencia no cesa hasta que se haga público y bien conocido, que anoche, el bicho te ha visitado.
Teorías hay miles como se pueden imaginar, desde las alucinaciones hipnogógicas, donde se flota en un sueño hasta la más probable de que los responsables se encuentren entre aquellos que disfrutan del sexo mas prieto y menos fecundativo. Sobre todo sabiendo que es una tierra donde condenan por ello, y de alguna forma tendrán que desahogarse.

Lo mas curioso es que es un monstruo que oficia de acuerdo con las elecciones y las situaciones de “stress” político. Por eso en un pais donde el presidente es más un ‘guru’ que impone la religión como medio de vida y conducta, parece mas cierto que el mensaje dicho de forma cruda e inteligible, sea
“Que como no creas y obedezcas, te van a dar bien por el culo”
Yo creo que si el Papa o Bush, se pusieran de acuerdo y se trabajasen un poco el método, tendrian mas éxito.
Aunque pensándolo mejor, no es que anden muy lejos con sus procedimientos.

(*)La imagen del popobawa ha sido obtenida en Cracked.com “Gay Bigfoot & the 7 Weirdest Mythical Creatures in the World”

Salvar a “Mofletes”

Pegaso Mofletes Bombero de Aviles se muere. Esta pieza singular de la historia de Pegaso y de los parques de bomberos españoles esta en peligro de perderse si el ayuntamiento de Aviles no se decide a restaurarlo.
Se ha creado un movimiento de internautas para concienciar y pedir al ayuntamiento su restauracion, de nuestro apoyo puede depender que sobreviva o no.

Mis amigos de “Arbeyu Digital” han lanzado la “Operación Salvar al Mofletes” que ya ha tenido eco en el Diario El Pais
“Mofletes” es un camión Pegaso que llegó a Avilés (Asturias) en 1955 para servicio de Bomberos .

Logo "Salvar a Mofletes"
Direcciones del Ayuntamiento de Avilés :

Ayuntamiento de Avilés
Plaza de España, 1
33402 Avilés
Tel.: 985-122100
Fax: 985-541538
informacion@ayto-aviles.es

Informaciones relacionadas con el tema:
http://pegasoqueestasenloscielos.blogspot.com/
http://arbeyudigital.blogspot.com/20…le-50-aos.html
http://www.pegasoesmicamion.com/

Blog de WordPress.com.

Subir ↑