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LA MALDICIÓN BLANCA – Historia de Haití

Copia de un artículo publicado en el Blog de la Librairie Espagnole et Cie de París

Eduardo Galeano - 2008
Eduardo Galeano - 2008

Este artículo de Eduardo Galeano fue publicado en abril de 2004 en varios periódicos latinoamericanos. Su conmovedor relato de la historia de Haiti duele aún más en estos días en que el mundo decidió volver a mirar al país más pobre del hemisferio.

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Puerto Príncipe antes del terremoto de enero 2010
Puerto Príncipe antes del terremoto de enero 2010

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.

De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:
—¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

—El anterior.

—Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.

Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.
Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.

En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

Charlemagne Pèralte
Charlemagne Pèralte

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.
La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.

Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.

Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.

Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

Mapa de Haití - República Dominicana
La isla de Hispaniola o Quisqueya, como la llamaban sus pobladores originales arawak y taínos, está actualmente dividida en dos repúblicas: Haití y República Dominicana

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso.
Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.

En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.

Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

Fuente :

Librairie Espagnole et Cie

El suicidio médicamente asistido

La Fundación Medicina y Humanidades Médicas publica una revista mensual de acceso online y gratuito.

Esta es una reseña del nº 18 , un trabajo sobre el suicidio del ProfesorAlbert Royes i Qui (Secretario del Centro de Investigación Observatori de Bioètica i Dret del Parc Científic de la Universitat de Barcelona – Miembro del Grup de Recerca Consolidat de la Generalitat de Catalunya Bioètica, Dret i Societat -Profesor, tutor y coordinador del Máster en Bioética y Derecho de la Universitat de Barcelona, entre otras responsabilidades y atribuciones profesionales)


El suicidio médicamente asistido, como la eutanasia, constituyen formas diferentes de poner fin a la propia vida en determinadas circunstancias. Cuando la acción la realiza la propia persona con ayuda médica se denomina suicidio médicamente asistido; cuando es el médico quien causa directamente la muerte del propio paciente a petición de éste, se habla de eutanasia. Tanto en uno como en otro supuesto, el paciente debe reunir determinadas condiciones de salud y, especialmente, debe ser capaz de formular la petición de que otros le ayuden a poner fin a su vida para lo que debe gozar de pleno conocimiento y de capacidad de decisión.

Esas condiciones, que se detallan en el artículo que aquí se resume, resultan imprescindibles para deslindar las actuaciones de eutanasia o de suicidio médicamente asistido del homicidio. Nuestro país mantiene, al igual que otros muchos, la penalización de las conductas de ayuda al suicidio, en cualquiera de sus modalidades, aunque el propio código penal introduce atenuantes para quien así actuara por motivos compasivos y a petición expresa del paciente. En este artículo se aboga por despenalizar claramente la ayuda al suicidio y la eutanasia si dichas acciones se efectúan con total respeto a los derechos fundamentales de las personas, entre los cuales destaca la explícita voluntariedad, por lo que al mismo tiempo debería mantenerse la calificación de delito tanto para la inducción al suicidio como para la llamada eutanasia involuntaria.

Sin embargo, algunas sociedades de nuestro mismo entorno cultural han avanzado en la despenalización de la eutanasia o del suicidio médicamente asistido. El artículo describe la situación al respecto en esos países: Oregón (USA), Bélgica, Holanda y Suiza, en los cuales alguna o algunas de las modalidades de ayuda al suicidio no son legalmente punibles si se realizan de acuerdo con lo que su respectivo ordenamiento jurídico ha establecido. En algunos de ellos, además, han surgido organizaciones no gubernamentales que informan, asesoran y, en el caso de Suiza, colaboran activamente en la asistencia al suicidio en condiciones muy estrictas. Pero, por otra parte, el artículo enfoca la ayuda al suicidio no sólo como una cuestión de derechos o de opciones de personas sufrientes a causa de su situación de salud, situación que les ocasiona muy frecuentemente una fuerte disminución de su calidad de vida; expone, además, que la asistencia al suicidio debe considerarse como una acción compasiva, empática, para con esas personas sufrientes, lo cual añade un elemento humanista de primer orden. Nada más lejos, pues, de consideraciones de carácter economicista o de motivaciones supuestamente eugenésicas que nada tienen que ver con lo que aquí se propugna.

Acceso al Artículo Online (clicando aquí)

Accidente Cerebral Vascular (ACV)- Aprendiendo a caminar

Un arnés ofrece un soporte parcial a los pacientes que están reaprendiendo a caminar.
Una cinta de caminar preparada puede ayudar a los pacientes de accidente cerebral vascularl (ACV) a aprender a caminar correctamente , según un reciente estudio del Baylor Health Care System en Estados Unidos.

La investigadora Karen McCain , que dirigió el equipo del Instituto de Rehabilitación Baylor ha puesto a disposición de “Mr Reivaj” el artículo original . Un resumen (“abstract”) en inglés puede consultarse en este enlace Archives of Physical Medicine and Rehabilitation (Vol:89).

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El accidente cerebrovascularl (ACV) en los países desarrollados constituye la tercera causa de muerte, después de la enfermedad isquémica del corazón y el cáncer. El ACV alcanza mayor relieve debido a la importante tasa de invalidez que produce.

Muchas de las personas que sufren un ACV nunca vuelven a recuperar la capacidad de caminar que tenían antes del suceso. Desarrollan a menudo un patrón anormal para andar, que puede ser difícil y, algunas veces, imposible de corregir.

“La alteración del modo de andar es común tras un accidente cerebrovascular, y muchos supervivientes viven con una discapacidad relacionada con caminar, a pesar de la rehabilitación extensiva”, declaró Karen McCain, del Instituto de rehabilitación Baylor. “Caminar de manera incorrecta no sólo crea un estigma para estos pacientes, sino que también los hace más susceptibles para las lesiones y afecta directamente su calidad de vida”.

En el estudio participaron siete pacientes que habían sufrido un ACV . Consistió en realizar un entrenamiento locomotor sobre cinta de caminar, y a la vez se les hacía un soporte parcial del peso corporal, se utilizó para ello un arnés adaptado. El paciente queda sujeto por el arnés que aguanta una parte del peso de su cuerpo mientras anda sobre la cinta.

Este método constituye un reaprendizaje para caminar de modo seguro y controlado. A medida que el paciente se fortalece, se va permitiendo más peso corporal, hasta que son capaces de caminar por su cuenta sin ninguna asistencia. Tras someterse a este entrenamiento especializado sobre cinta de caminar, los siete pacientes del estudio fueron capaces de caminar de un modo normal , sin el uso de bastón.

“La clave del éxito de nuestro método es la intervención temprana. Todos los pacientes empezaron a caminar en la cinta andadora tan pronto pudieron durante el periodo agudo de recuperación tras el accidente cerebrovascular. Queremos evitar el desarrollo de los patrones anormales en el modo de andar desde un primer momento”, dijo la doctora McCain.

Actualmente, no hay consenso en cuanto al mejor método para desarrollar un patrón normal en el modo de andar para pacientes de accidente vascular cerebral. En la mayoría de los casos, la rehabilitación involucra el uso de andadores y otros dispositivos de asistencia.

“El objetivo final de nuestro estudio es que algún día cambie la práctica clínica de la fisioterapia”, apuntó McCain.

Agradecimiento: Agradezco la amabilidad y la atención de la Doctora Karen McCain así como a Ashley Howland, del Baylor Institute for Rehabilitation que nos facilitó el contacto

Más información

El U.S. National Institute of Neurological Disorders and Stroke tiene más información sobre la rehabilitación después de una aplopejía.

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